Santa Teresa. Las Moradas. Fragment del capítol quart.
Estaba yo ahora mirando, escribiendo esto, que en el verso que dije: Dilatasti cor meum, dice que se ensanchó el corazón, y no me parece que es cosa, como digo, que su nacimiento es del corazón, sino de otra parte an más interior, como una cosa profunda.
Pienso que debe ser el centro del alma, como después he entendido y diré a la postre, que cierto veo secretos en nosotros mesmos que me train espantada muchas veces, ¡y cuántos más debe haber! Entiende una fraganza, digamos ahora, como si en aquel hondón interior estuviese un brasero adonde se echasen olorosos perfumes; ni se ve la lumbre ni donde está, mas el calor y humo oloroso penetra toda el alma, y an hartas veces, como he dicho, participa el cuerpo. Mirá, entendedme, que ni se siente calor ni se huele olor, que más delicada cosa es que estas cosas, sino para dároslo a entender. Y entiendan las personas que no han pasado por esto que es verdad que pasa ansí, y que se entiende y lo entiende el alma más claro que yo lo digo ahora; que no es esto cosa que se puede antojar, porque por diligencias que hagamos, no lo podemos adquirir, y en ello mesmo se ve no ser de nuestro metal, sino de aquel purísimo oro de la sabiduría divina. Aquí no están las potencias unidas, a mi parecer, sino embebidas y mirando como espantadas qué es aquello.

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