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Algunes
        frases curtes


Santa Teresa. Las Moradas. Frases.

L’ànima: un castillo todo de diamante u muy claro cristal.

Set estances en les quals podem reconèixer molts moments esparsos, incomprensibles, enlluernadors, inconscients o sense significat que abans tenia la nostra ànima.

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D e   l a s   m o r a d a s   p r i m e r a s

Parecería desatino decir a uno que entrase en una pieza, estando ya dentro. 

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Es menester tenga paciencia quien esto leyere, pues yo la tengo para escribir lo que no sé. 

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Diciéndose y dándose a entender de muchas maneras, sernos ha mucho consuelo considerar este artificio celestial interior, tampoco entendido de los mortales, antes que vayan muchos por él. 


D e   l a s   s e g u n d a s

Como van entrando más cerca de donde está su Majestad es muy buen vecino. 

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Con todo esto, tiene en tanto este Señor nuestro que le queramos y procuremos su compañía, que una vez u otra no nos deja de llamar, para que nos acerquemos a Él; y es esta voz tan dulce, que se deshace la pobre alma en no hacer luego lo que le manda. 

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Aquí está el entendimiento más vivo y las potencias más hábiles: andan los golpes y la artillería de manera que no lo puede el alma dejar de oír.

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Su Majestad sabe mejor lo que nos conviene; no hay para qué le aconsejar lo que nos ha de dar, que nos puede con razón decir que no sabemos lo que pedimos.

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Por eso no os desaniméis si alguna vez cayerdes, para dejar de procurar ir adelante, que an de esa caída sacará Dios bien.

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Pues pensar que hemos de entrar en el Cielo y no entrar en nosotros, conociéndonos y considerando nuestra miseria y lo que debemos a Dios, y pidiéndole muchas veces misericordia en desatino.

D e   l a s   t e r c e r a s

Harto gran miseria es vivir en vida que siempre hemos de andar como los que tienen enemigos a la puerta, que ni pueden dormir ni comer sin armas, y siempre con sobresalto, si por alguna parte pueden desportillar esta fortaleza.

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Por eso digo, hijas, que la bienaventuranza que hemos de pedir es estar ya en siguridad con los bienaventurados.

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Ya no sé lo que decía, que me he divertido mucho, y en acordándome de mí, se me quiebran las alas para decir cosa buena.

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Porque somos ansí al pie de la letra, y lo más ordinario vienen de aquí las grandes sequedades en la oración, anque también hay otras causas.

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Entrad, entrad, hijas mías, en lo interior; pasá adelante de vuestras obrillas, que por ser cristianas debéis todo eso y mucho más, y os basta que seáis vasallas de Dios: no queráis tanto que os quedéis sin nada.

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Digo que dejo los trabajos grandes interiores que he dicho, que aquéllos son mucho más que falta de devoción.

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Si persevera en esta desnudez y dejamiento de todo, que alcanzará lo que pretende.

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Para que saquéis de las sequedades humildad, y no inquietud.

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Le falta esta libertad de espíritu.

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Si estáis bien desnudas de lo que dejastes.

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Os podéis muy bien probar y entendé si estáis señoras de vuestras pasiones. Y creéme que no está el negocio en tener hábito de relisión u no.

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Como vamos con tanto seso, todo nos ofende, porque todo lo tememos, y ansí, no osamos pasar adelante, como si pudiésemos nosotras llegar a estas Moradas y que otros anduviesen el camino.

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El cuidado de estos cuerpos ténganle los perlados; allá se avengan; nosotras de sólo caminar apriesa para ver este Señor, que anque el regalo que tenéis es poco u nenguno, el cuidado de la salud nos podría engañar. Cuanto más, que no se terná más por esto, yo lo sé, y también sé que no está el negocio en lo que toca a el cuerpo, que esto es lo menos, que el caminar que digo es con una grande humildad. Que siempre da mucho más que merecemos.

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Pues no está la perfeción en los gustos, sino en quien ama más.

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En silencio y esperanza.


D e   l a s   c u a r t a s

Porque comienzan a ser cosas sobrenaturales, y es dificultosísimo de dar a entender Como ya estas Moradas se llegan más adonde está el Rey, es grande su hermosura, y hay cosas tan delicadas que ver y que entender, que el entendimiento no es capaz para poder dar traza cómo se diga siquiera algo que venga tan al justo que no quede bien escuro para los que no tienen espiriencia, que quien la tiene muy bien lo entenderá, en especial si es mucha.

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En estas Moradas pocas veces entran las cosas ponzoñosas, y si entran, no hacen daño, antes dejan con ganancia; y tengo por muy mejor cuando entran y dan guerra en este estado de oración Que cuando lo es en un ser, no le tengo por siguro, ni me parece posible estar en un ser el espíritu del Señor en este destierro.

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Harta merced me hacía nuestro Señor, que no quiero yo ahora esaminar cuál es mejor lo uno u lo otro, sino la diferencia que hay de lo uno a lo otro querría saber decir.

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¡Oh, Señor, tomad en cuenta lo mucho que pasamos en este camino por falta de saber!

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An no sabemos preguntar a los que saben, ni entendemos qué hay que preguntar, y pásanse terribles trabajos, porque no nos entendemos, y lo que no es malo, sino bueno, pensamos que es mucha culpa. No parece sino que están en ella muchos ríos caudalosos, y, por otra parte, que estas aguas se despeñan; muchos pajarillos y silbos, y no en los oídos, sino en lo superior de la cabeza, adonde dicen que está lo superior del alma; yo estuve en esto harto tiempo, por parecer que el movimiento grande del espíritu hacia arriba subía con velocidad.

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Pues si en lo superior de la cabeza está lo superior del alma, ¿cómo no la turba? Eso no lo sé yo, mas sé que es verdad lo que digo.

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Pues estamos también sujetas a comer y dormir, sin poderlo escusar, que es harto trabajo, conozcamos nuestra miseria y deseemos ir adonde naide nos menosprecia.

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Por eso, ¡llévanos, Señor, adonde no nos menosprecien estas miserias, que parecen algunas veces que están haciendo burla del alma!

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Paréceme queda dicho de los consuelos espirituales, como algunas veces van envueltos con nuestras pasiones.

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Hagamos cuenta para entenderlo mejor que vemos dos fuentes con dos pilas que se hinchen de agua, que no me hallo cosa más a propósito para declarar algunas de espíritu que esto de agua, y es, como sé poco y el ingenio no ayuda, y soy tan amiga de este elemento… Estos dos pilones se hinchen de agua de diferentes maneras: el uno viene de más lejos por muchos arcaduces y artificio; el otro está hecho en el mesmo nacimiento del agua, y vase hinchendo sin nengún ruido, y si es el manantial caudaloso, como éste que hablamos, después de henchido este pilón procede un gran arroyo; ni es menester artificio, ni se acaba el edificio de los arcaduces, sino siempre está procediendo agua de allí. Es la diferencia que la que viene por arcaduces es, a mi parecer, los contentos que tengo dicho que se sacan con la meditación, porque traemos con los pensamientos, ayudándonos de las criaturas en la meditación y cansando el entendimiento, y como viene, en fin, con nuestras diligencias, hace ruido cuando ha de haber algún hinchimiento de provechos que hace en el alma, como queda dicho.

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Vase revertiendo este agua por todas las Moradas.

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Más meditación tengamos, anque más nos estrujemos y tengamos lágrimas, no viene este agua por aquí: sólo se da a quien Dios quiere y cuando más descuidada está muchas veces el alma. Dicen que el alma se entra dentro de sí y otras veces se sube sobre sí: por este lenguaje no sabré yo aclarar nada.

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Con un silbo tan suave que an casi ellos mesmos no lo entienden.

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No sé por dónde ni cómo oyó el silbo de su pastor, que no fue por los oídos, que no se oye nada, mas siéntese notablemente un encogimiento suave a lo interior, como verá quien pasa por ello, que yo no lo sé aclarar mejor; paréceme que he leído que como un erizo o tortuga cuando se retiran hacia sí Quien menos piensa y quiere hacer, hace más.

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La segunda razón es que estas obras interiores son todas suaves y pacíficas; y hacer cosa penosa, antes daña que aprovecha.

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La tercera es que el mesmo cuidado que se pone en no pensar nada, quizá despertará el pensamiento a pensar mucho.

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La cuarta es que lo más sustancial y agradable a Dios es que nos acordemos de su honra y gloria y nos olvidemos de nosotros mesmos, y de nuestro provecho y regalo y gusto.

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Ansí esta suavidad y ensanchamiento interior se ve en el que le queda.

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El temor que solía tener a los trabajos, ya va más templado, porque está más viva la fe, y entiende que, si los pasa por Dios, su Majestad le dará gracia para que los sufra con paciencia. 


D e   l a s   q u i n t a s

¿Cómo os podría yo decir la riqueza y tesoros y deleites, que hay en las quintas Moradas? Creo fuera mejor no decir nada de las que faltan, pues no se ha de saber decir, ni el entendimiento lo sabe entender, ni las comparaciones pueden servir de declararlo, porque son muy bajas las cosas de la tierra para este fin.

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Para llegar aquí hemos menester mucho, mucho, y no nos descuidar poco ni mucho.

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Con que dé cada uno lo que tuviere se contenta.

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Aquí, con estar todas dormidas y bien dormidas a las cosas del mundo y a nosotras mesmas Ahora lo estaba pensando y paréceme que no; al menos, si lo hace, no se entiende si lo hace. Todo su entendimiento se querría emplear en entender algo de lo que siente, y como no llegan sus fuerzas a esto, quédase espantado, de manera que, si no se pierde del todo, no menea pie ni mano, como acá decimos de una persona que está tan desmayada que nos parece está muerta.

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Dije que no era cosa soñada, porque en la Morada que queda dicha, hasta que la espiriencia es mucha, queda el alma dudosa de qué fue aquello, si se le antojó, si estaba dormida, si fue dado de Dios, si se trasfiguró el Demonio en ángel de luz. Queda con mil sospechas.

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Parece que os dejo confusas en decir si es unión de Dios, y que hay otras uniones. ¡Y cómo si las hay! Anque sean en cosas vanas.

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No pongáis los ojos en si son ruines u buenos a quien las hace, que su Majestad lo sabe. Pues tornando a la señal que digo es la verdadera: ya veis esta alma que la ha hecho Dios boba del todo para imprimir mejor en ella la sabiduría, que ni ve ni oye ni entiende en el tiempo que está ansí, que siempre es breve, y an harto más breve le parece a ella de lo que debe de ser.

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Hemos de dejar en todas estas cosas de buscar razones para ver cómo fue; pues no llega nuestro entendimiento a entenderlo, ¿para qué nos queremos desvanecer?

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Dice la Esposa en los Cantares: –Llevóme el rey a la bodega del vino (u metióme, creo que dice). Y no dice que ella se fue. Y dice también que andaba buscando a su Amado por una parte y por otra. Esta entiendo yo es la bodega donde nos quiere meter el Señor.

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Cuál sale un alma de aquí, de haber estado un poquito metida en la grandeza de Dios, y tan junta con Él, que, a mi parecer, nunca llega a media hora!

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Todo le cansa, porque ha probado que el verdadero descanso no le pueden dar las criaturas.

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Del mesmo descontento que dan las cosas del mundo nace un deseo de salir dél.

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Que jamás hará Dios, a lo que yo pienso, esta merced, sino a alma que ya toma muy por suya.

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Digo que echa la simiente, porque tengo para mí que quiere Dios que no sea dada en balde una merced tan grande, sino que ya no se aprovecha de ella para sí, aproveche a otros.

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La verdadera unión se puede muy bien alcanzar, con el favor de nuestro Señor, si nosotros nos esforzamos a procurarla, con no tener voluntad, sino atada con lo que fuere la voluntad de Dios.

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Procuremos irnos entendiendo en cosas an menudas.

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Si entendiésedes lo que nos importa esta virtud, no trairíades otro estudio.

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No penséis que no ha de costar algo y que os lo habéis de hallar hecho.

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Ya ternéis oído muchas veces que se desposa Dios con las almas espiritualmente; ¡bendita sea su misericordia, que tanto se quiere humillar!, y anque sea grosera comparación, yo no hallo otra que más pueda dar a entender lo que pretendo, que el sacramento del matrimonio. Porque anque de diferente manera, porque en esto que tratamos jamás hay cosa que no sea espiritual (esto corpóreo va muy lejos, y los contentos espirituales que da el Señor, y los gustos, al que deben tener los que se desposan, van mil leguas lo uno de lo otro), porque todo es amor con amor, y sus operaciones son limpísimas, y tan delicadísimas y suaves que no hay cómo se decir; mas sabe el Señor darlas muy bien a sentir Paréceme a mí que la unión an no llega a desposorio espiritual, sino como por acá cuando se han de desposar dos, se trata si son conformes, y que el uno y el otro quieran, y an que se vean, para que más se satisfagan el uno del otro. Ansí acá, prosupuesto que el concierto está ya hecho, y que esta alma está muy bien informada, cuán bien le está.


D e   l a s   s e s t a s

Podemos decir que es ansí esto, porque pasa en brevísimo tiempo. Allí no hay más dar y tomar, sino un ver el alma por una manera secreta, quién es este Esposo que ha de tomar; porque por los sentidos y potencias en ninguna manera podía entender en mil años lo que aquí entiende en brevísimo tiempo Está tan esculpida en el alma aquella vista, que todo su deseo es tornarla a gozar.

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La sétima Morada, que ya allí nada no se teme.

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Comencemos por el tormento que da topar con un confesor tan cuerdo y poco espirimentado que no hay cosa que tenga por sigura: todo lo teme, en todo pone duda, como ve cosas no ordinarias.

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No es capaz de ver la verdad, sino creer lo que la imaginación le representa.

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Porque son muchas las cosas que la combaten con un apretamiento interior de manera tan sensible e intolerable, que yo no sé a qué se pueda comparar, sino a los que padecen en el Infierno; porque ningún consuelo se admite en esta tempestad.

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En fin, que ningún remedio hay en esta tempestad sino aguardar a la misericordia de Dios, que a deshora, con una palabra sola suya, u una ocasión, que acaso sucedió, lo quita todo tan de presto, que parece no hubo nublado en aquel alma, según queda llena de sol y de mucho más consuelo.

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Es indicible, porque son apretamientos y penas espirituales que no se saben poner nombre.

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Se lo hace bien desear, por unos medios tan delicados, que el alma mesma no los entiende, ni yo creo acertaré a decir para que lo entienda, si no fueren las que han pasado por ello.

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Estaba pensando ahora si sería que en este fuego del brasero encendido que es mi Dios, saltaba alguna centella y daba en el alma de manera que se dejaba sentir aquel encendido fuego, y como no era an bastante para quemarla, y él tan deleitoso, queda con aquella pena, y a el tocar hace aquella operación; y paréceme es la mejor comparación que he acertado a decir; porque este dolor sabroso, y no es dolor, no está en un ser; anque a veces dura gran rato, otras de presto se acaba, como quiere comunicarle el Señor, que no es cosa que se puede procurar por ninguna vía humana; mas anque está algunas veces rato, quítase y torna; en fin, nunca está estante, y por eso no acaba de abrasar el alma sino ya que se va a encender, muérese la centella y queda con deseo de tornar a padecer aquel dolor amoroso que le causa. Aquí no hay pensar.

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Aquí están todos los sentidos y potencias, sin ningún embebecimiento, mirando qué podrá ser, sin estorbar nada ni poder acrecentar aquella pena deleitosa ni quitarla, a mi parecer.

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Pues ser melencolía no lleva camino nenguno, porque la melencolía, no hace y fabrica sus antojos sino en la imaginación.

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Otra manera tiene Dios de despertar a el alma; y anque en alguna manera parece mayor merced que las dichas, podrá ser más peligrosa, y por eso me deterné algo en ella, que son unas hablas con el alma, de muchas maneras; unas parece vienen de afuera, otras de lo muy interior del alma, otras de lo superior della, otras tan en lo esterior, que se oyen con los oídos porque parece es voz formada.

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Estando rezando vocalmente, y con descuido de cosa interior, parece viene una inflamación deleitosa, como si de presto viniese un olor tan grande, que se comunicase por todos los sentidos (no digo que es olor, sino pongo esta comparación) u cosa de esta manera, sólo para dar a sentir que está allí el Esposo; mueve un deseo sabroso de gozar el alma de Él, y con esto queda dispuesta para hacer grandes atos y alabanzas a nuestro Señor.Que no haga caso de ello, que no es la sustancia para servir a Dios

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Pues tornando a lo primero, que venga de lo interior, que de lo superior, que de lo esterior, no importa para dejar de ser de Dios.

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Otra manera hay, como habla el Señor a el alma, que yo tengo para mí ser muy cierto de su parte, con alguna visión intelectual, que adelante diré como es. Es tan en lo íntimo del alma, y parécele tan claro oír aquellas palabras con los oídos del alma a el mesmo Señor, y tan en secreto, que la mesma manera de entenderlas, con las operaciones que hace la mesma visión, asegura y da certidumbre no poder el Demonio tener parte allí.

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Está un alma en toda la tribulación y alboroto interior que queda dicho, y escuridad del entendimiento y sequedad; con una palabra de éstas, que diga solamente: —«No tengas pena»—, queda sosegada.

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La segunda razón, una gran quietud que queda en el alma, y recogimiento devoto y pacífico, y dispuesta para alabanzas de Dios.

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La tercera señal es, no pasarse estas palabras de la memoria en muy mucho tiempo, y algunas jamás, como se pasan las que por acá entendemos, digo, que oímos de los hombres, que anque sean muy graves y letrados, no las tenemos tan esculpidas en la memoria, ni tampoco, si son en cosas por venir. 

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La quinta, porque junto con las palabras muchas veces, por un modo que yo no sabré decir, se da a entender mucho más de lo que ellas suenan sin palabras. 

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Con estas cosas dichas de trabajos y las demás, ¿qué sosiego puede traer la pobre mariposica? Todo es para más desear gozar a el Esposo; y su Majestad, como quien conoce nuestra flaqueza, vala habilitando con estas cosas y otras muchas, para que tenga ánimo de juntarse con tan gran Señor, y tomarle por Esposo. 

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Y ansí veréis lo que hace su Majestad para concluir este desposorio, que entiendo yo debe ser cuando da arrobamientos, que la saca de sus sentidos; porque si estando en ellos, se viese tan cerca desta gran Majestad, no era posible, por ventura, quedar con vida. Entiéndese arrobamientos que lo sean, y no flaquezas de mujeres, como por acá tenemos, que todo nos parece arrobamiento y éstasi. Y como creo dejo dicho, hay complesiones tan flacas, que con una oración de quietud se mueren. 

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Lo que yo entiendo en este caso, es que el alma nunca estuvo tan despierta para las cosas de Dios, ni con tan gran luz y conocimiento de su Majestad. Parecerá imposible, porque si las potencias están tan absortas, que podemos decir que están muertas, y los sentidos lo mesmo, ¿cómo se puede entender que entiende ese secreto? Yo no lo sé, ni quizá ninguna criatura, sino el mesmo Creador, y otras cosas muchas que pasan en este estado, digo en estas dos Moradas; que ésta, y la postrera se pudieran juntar bien, porque de la una a la otra no hay puerta cerrada. 

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Dentro, en el mesmo palacio, que es el mesmo Dios, pasan las abominaciones y deshonestidades y maldades que hacemos los pecadores.

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