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Santa Teresa. Las Moradas. Frases.


L’ànima: un castillo todo de diamante u muy claro cristal.

Set estances en les quals podem reconèixer molts moments esparsos, incomprensibles, enlluernadors, inconscients o sense significat que abans tenia la nostra ànima.

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De las moradas primeras

Parecería desatino decir a uno que entrase en una pieza, estando ya dentro.

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Es menester tenga paciencia quien esto leyere, pues yo la tengo para escribir lo que no sé.

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Diciéndose y dándose a entender de muchas maneras, sernos ha mucho consuelo considerar este artificio celestial interior, tampoco entendido de los mortales, antes que vayan muchos por él.

De las segundas

Como van entrando más cerca de donde está su Majestad es muy buen vecino.

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Con todo esto, tiene en tanto este Señor nuestro que le queramos y procuremos su compañía, que una vez u otra no nos deja de llamar, para que nos acerquemos a Él; y es esta voz tan dulce, que se deshace la pobre alma en no hacer luego lo que le manda.

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Aquí está el entendimiento más vivo y las potencias más hábiles: andan los golpes y la artillería de manera que no lo puede el alma dejar de oír.

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Su Majestad sabe mejor lo que nos conviene; no hay para qué le aconsejar lo que nos ha de dar, que nos puede con razón decir que no sabemos lo que pedimos.

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Por eso no os desaniméis si alguna vez cayerdes, para dejar de procurar ir adelante, que an de esa caída sacará Dios bien.

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Pues pensar que hemos de entrar en el Cielo y no entrar en nosotros, conociéndonos y considerando nuestra miseria y lo que debemos a Dios, y pidiéndole muchas veces misericordia en desatino.

De las terceras

Harto gran miseria es vivir en vida que siempre hemos de andar como los que tienen enemigos a la puerta, que ni pueden dormir ni comer sin armas, y siempre con sobresalto, si por alguna parte pueden desportillar esta fortaleza.

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Por eso digo, hijas, que la bienaventuranza que hemos de pedir es estar ya en siguridad con los bienaventurados.

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Ya no sé lo que decía, que me he divertido mucho, y en acordándome de mí, se me quiebran las alas para decir cosa buena.

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Porque somos ansí al pie de la letra, y lo más ordinario vienen de aquí las grandes sequedades en la oración, anque también hay otras causas.

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Entrad, entrad, hijas mías, en lo interior; pasá adelante de vuestras obrillas, que por ser cristianas debéis todo eso y mucho más, y os basta que seáis vasallas de Dios: no queráis tanto que os quedéis sin nada.

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Digo que dejo los trabajos grandes interiores que he dicho, que aquéllos son mucho más que falta de devoción.

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Si persevera en esta desnudez y dejamiento de todo, que alcanzará lo que pretende.

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Para que saquéis de las sequedades humildad, y no inquietud.

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Le falta esta libertad de espíritu.

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Si estáis bien desnudas de lo que dejastes.

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Os podéis muy bien probar y entendé si estáis señoras de vuestras pasiones. Y creéme que no está el negocio en tener hábito de relisión u no.

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Como vamos con tanto seso, todo nos ofende, porque todo lo tememos, y ansí, no osamos pasar adelante, como si pudiésemos nosotras llegar a estas Moradas y que otros anduviesen el camino.

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Lo que os puedo decir con verdad es que cuando yo no tenía, ni an sabría por espiriencia, ni pensaba saberle en mi vida, y con razón, que harto contento fuera para mí saber u por conjeturas entender que agradaba a Dios en algo, cuando leía en los libros de estas mercedes y consuelos que hace el Señor a las almas que le sirven, me le daba grandísimo, y era motivo para que mi alma diese grandes alabanzas a Dios.

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El cuidado de estos cuerpos ténganle los perlados; allá se avengan; nosotras de sólo caminar apriesa para ver este Señor, que anque el regalo que tenéis es poco u nenguno, el cuidado de la salud nos podría engañar. Cuanto más, que no se terná más por esto, yo lo sé, y también sé que no está el negocio en lo que toca a el cuerpo, que esto es lo menos, que el caminar que digo es con una grande humildad. Que siempre da mucho más que merecemos.

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Pues no está la perfeción en los gustos, sino en quien ama más.

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En silencio y esperanza.

De las cuartas

Porque comienzan a ser cosas sobrenaturales, y es dificultosísimo de dar a entender.

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Como ya estas Moradas se llegan más adonde está el Rey, es grande su hermosura, y hay cosas tan delicadas que ver y que entender, que el entendimiento no es capaz para poder dar traza cómo se diga siquiera algo que venga tan al justo que no quede bien escuro para los que no tienen espiriencia, que quien la tiene muy bien lo entenderá, en especial si es mucha.

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En estas Moradas pocas veces entran las cosas ponzoñosas, y si entran, no hacen daño, antes dejan con ganancia; y tengo por muy mejor cuando entran y dan guerra en este estado de oración. Que cuando lo es en un ser, no le tengo por siguro, ni me parece posible estar en un ser el espíritu del Señor en este destierro.

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Harta merced me hacía nuestro Señor, que no quiero yo ahora esaminar cuál es mejor lo uno u lo otro, sino la diferencia que hay de lo uno a lo otro querría saber decir.

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¡Oh, Señor, tomad en cuenta lo mucho que pasamos en este camino por falta de saber!

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An no sabemos preguntar a los que saben, ni entendemos qué hay que preguntar, y pásanse terribles trabajos, porque no nos entendemos, y lo que no es malo, sino bueno, pensamos que es mucha culpa. 

No parece sino que están en ella muchos ríos caudalosos, y, por otra parte, que estas aguas se despeñan; muchos pajarillos y silbos, y no en los oídos, sino en lo superior de la cabeza, adonde dicen que está lo superior del alma; yo estuve en esto harto tiempo, por parecer que el movimiento grande del espíritu hacia arriba subía con velocidad.

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Pues si en lo superior de la cabeza está lo superior del alma, ¿cómo no la turba? Eso no lo sé yo, mas sé que es verdad lo que digo.

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Pues estamos también sujetas a comer y dormir, sin poderlo escusar, que es harto trabajo, conozcamos nuestra miseria y deseemos ir adonde naide nos menosprecia.

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Por eso, ¡llévanos, Señor, adonde no nos menosprecien estas miserias, que parecen algunas veces que están haciendo burla del alma!

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Paréceme queda dicho de los consuelos espirituales, como algunas veces van envueltos con nuestras pasiones.

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Hagamos cuenta para entenderlo mejor que vemos dos fuentes con dos pilas que se hinchen de agua, que no me hallo cosa más a propósito para declarar algunas de espíritu que esto de agua, y es, como sé poco y el ingenio no ayuda, y soy tan amiga de este elemento… 

Estos dos pilones se hinchen de agua de diferentes maneras: el uno viene de más lejos por muchos arcaduces y artificio; el otro está hecho en el mesmo nacimiento del agua, y vase hinchendo sin nengún ruido, y si es el manantial caudaloso, como éste que hablamos, después de henchido este pilón procede un gran arroyo; ni es menester artificio, ni se acaba el edificio de los arcaduces, sino siempre está procediendo agua de allí. 

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Vase revertiendo este agua por todas las Moradas.

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Estaba yo ahora mirando, escribiendo esto, que en el verso que dije: Dilatasti cor meum, dice que se ensanchó el corazón, y no me parece que es cosa, como digo, que su nacimiento es del corazón, sino de otra parte an más interior, como una cosa profunda. Pienso que debe ser el centro del alma, como después he entendido y diré a la postre, que cierto veo secretos en nosotros mesmos que me train espantada muchas veces, ¡y cuántos más debe haber! 

Entiende una fraganza, digamos ahora, como si en aquel hondón interior estuviese un brasero adonde se echasen olorosos perfumes; ni se ve la lumbre ni donde está, mas el calor y humo oloroso penetra toda el alma, y an hartas veces, como he dicho, participa el cuerpo. Mirá, entendedme, que ni se siente calor ni se huele olor, que más delicada cosa es que estas cosas, sino para dároslo a entender. 

Y entiendan las personas que no han pasado por esto que es verdad que pasa ansí, y que se entiende y lo entiende el alma más claro que yo lo digo ahora; que no es esto cosa que se puede antojar, porque por diligencias que hagamos, no lo podemos adquirir, y en ello mesmo se ve no ser de nuestro metal, sino de aquel purísimo oro de la sabiduría divina. Aquí no están las potencias unidas, a mi parecer, sino embebidas y mirando como espantadas qué es aquello.

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Más meditación tengamos, anque más nos estrujemos y tengamos lágrimas, no viene este agua por aquí: sólo se da a quien Dios quiere y cuando más descuidada está muchas veces el alma. Dicen que el alma se entra dentro de sí y otras veces se sube sobre sí: por este lenguaje no sabré yo aclarar nada.

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Con un silbo tan suave que an casi ellos mesmos no lo entienden.

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No sé por dónde ni cómo oyó el silbo de su pastor, que no fue por los oídos, que no se oye nada, mas siéntese notablemente un encogimiento suave a lo interior, como verá quien pasa por ello, que yo no lo sé aclarar mejor; paréceme que he leído que como un erizo o tortuga cuando se retiran hacia sí. Quien menos piensa y quiere hacer, hace más.

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La segunda razón es que estas obras interiores son todas suaves y pacíficas; y hacer cosa penosa, antes daña que aprovecha.

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La tercera es que el mesmo cuidado que se pone en no pensar nada, quizá despertará el pensamiento a pensar mucho.

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La cuarta es que lo más sustancial y agradable a Dios es que nos acordemos de su honra y gloria y nos olvidemos de nosotros mesmos, y de nuestro provecho y regalo y gusto.

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Ansí esta suavidad y ensanchamiento interior se ve en el que le queda.

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El temor que solía tener a los trabajos, ya va más templado, porque está más viva la fe, y entiende que, si los pasa por Dios, su Majestad le dará gracia para que los sufra con paciencia.

De las quintas

¿Cómo os podría yo decir la riqueza y tesoros y deleites, que hay en las quintas Moradas? Creo fuera mejor no decir nada de las que faltan, pues no se ha de saber decir, ni el entendimiento lo sabe entender, ni las comparaciones pueden servir de declararlo, porque son muy bajas las cosas de la tierra para este fin.

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Para llegar aquí hemos menester mucho, mucho, y no nos descuidar poco ni mucho.

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Con que dé cada uno lo que tuviere se contenta.

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Aquí, con estar todas dormidas y bien dormidas a las cosas del mundo y a nosotras mesmas. 

Ahora lo estaba pensando y paréceme que no; al menos, si lo hace, no se entiende si lo hace. Todo su entendimiento se querría emplear en entender algo de lo que siente, y como no llegan sus fuerzas a esto, quédase espantado, de manera que, si no se pierde del todo, no menea pie ni mano, como acá decimos de una persona que está tan desmayada que nos parece está muerta.

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Dije que no era cosa soñada, porque en la Morada que queda dicha, hasta que la espiriencia es mucha, queda el alma dudosa de qué fue aquello, si se le antojó, si estaba dormida, si fue dado de Dios, si se trasfiguró el Demonio en ángel de luz. Queda con mil sospechas.

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Parece que os dejo confusas en decir si es unión de Dios, y que hay otras uniones. ¡Y cómo si las hay! Anque sean en cosas vanas.

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No pongáis los ojos en si son ruines u buenos a quien las hace, que su Majestad lo sabe. Pues tornando a la señal que digo es la verdadera: ya veis esta alma que la ha hecho Dios boba del todo para imprimir mejor en ella la sabiduría, que ni ve ni oye ni entiende en el tiempo que está ansí, que siempre es breve, y an harto más breve le parece a ella de lo que debe de ser.

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Hemos de dejar en todas estas cosas de buscar razones para ver cómo fue; pues no llega nuestro entendimiento a entenderlo, ¿para qué nos queremos desvanecer?

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Dice la Esposa en los Cantares: –Llevóme el rey a la bodega del vino (u metióme, creo que dice). Y no dice que ella se fue. Y dice también que andaba buscando a su Amado por una parte y por otra. Esta entiendo yo es la bodega donde nos quiere meter el Señor.

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Cuál sale un alma de aquí, de haber estado un poquito metida en la grandeza de Dios, y tan junta con Él, que, a mi parecer, nunca llega a media hora!

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Todo le cansa, porque ha probado que el verdadero descanso no le pueden dar las criaturas.

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Del mesmo descontento que dan las cosas del mundo nace un deseo de salir dél.

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Que jamás hará Dios, a lo que yo pienso, esta merced, sino a alma que ya toma muy por suya.

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Digo que echa la simiente, porque tengo para mí que quiere Dios que no sea dada en balde una merced tan grande, sino que ya no se aprovecha de ella para sí, aproveche a otros.

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La verdadera unión se puede muy bien alcanzar, con el favor de nuestro Señor, si nosotros nos esforzamos a procurarla, con no tener voluntad, sino atada con lo que fuere la voluntad de Dios.

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Procuremos irnos entendiendo en cosas an menudas.

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Si entendiésedes lo que nos importa esta virtud, no trairíades otro estudio.

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No penséis que no ha de costar algo y que os lo habéis de hallar hecho.

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Ya ternéis oído muchas veces que se desposa Dios con las almas espiritualmente; ¡bendita sea su misericordia, que tanto se quiere humillar!, y anque sea grosera comparación, yo no hallo otra que más pueda dar a entender lo que pretendo, que el sacramento del matrimonio. 

Porque anque de diferente manera, porque en esto que tratamos jamás hay cosa que no sea espiritual (esto corpóreo va muy lejos, y los contentos espirituales que da el Señor, y los gustos, al que deben tener los que se desposan, van mil leguas lo uno de lo otro), porque todo es amor con amor, y sus operaciones son limpísimas, y tan delicadísimas y suaves que no hay cómo se decir; mas sabe el Señor darlas muy bien a sentir. 

Paréceme a mí que la unión an no llega a desposorio espiritual, sino como por acá cuando se han de desposar dos, se trata si son conformes, y que el uno y el otro quieran, y an que se vean, para que más se satisfagan el uno del otro. Ansí acá, prosupuesto que el concierto está ya hecho, y que esta alma está muy bien informada, cuán bien le está.

De las sestas

Podemos decir que es ansí esto, porque pasa en brevísimo tiempo. Allí no hay más dar y tomar, sino un ver el alma por una manera secreta, quién es este Esposo que ha de tomar; porque por los sentidos y potencias en ninguna manera podía entender en mil años lo que aquí entiende en brevísimo tiempo. Está tan esculpida en el alma aquella vista, que todo su deseo es tornarla a gozar.

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La sétima Morada, que ya allí nada no se teme.

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Comencemos por el tormento que da topar con un confesor tan cuerdo y poco espirimentado que no hay cosa que tenga por sigura: todo lo teme, en todo pone duda, como ve cosas no ordinarias.

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No es capaz de ver la verdad, sino creer lo que la imaginación le representa.

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Porque son muchas las cosas que la combaten con un apretamiento interior de manera tan sensible e intolerable, que yo no sé a qué se pueda comparar, sino a los que padecen en el Infierno; porque ningún consuelo se admite en esta tempestad.

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En fin, que ningún remedio hay en esta tempestad sino aguardar a la misericordia de Dios, que a deshora, con una palabra sola suya, u una ocasión, que acaso sucedió, lo quita todo tan de presto, que parece no hubo nublado en aquel alma, según queda llena de sol y de mucho más consuelo.

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Parece que hemos dejado mucho la palomica, y no hemos; porque estos trabajos son los que an la hacen tener más alto vuelo. Pues comencemos ahora a tratar de la manera que se ha con ella el Esposo, y como antes que del todo lo sea, se lo hace bien desear, por unos medios tan delicados, que el alma mesma no los entiende, ni yo creo acertaré a decir para que lo entienda, si no fueren las que han pasado por ello; porque son unos impulsos tan delicados y sotiles, que proceden de lo muy interior del alma, que no sé comparación que poner que cuadre. 

Va bien diferente de todo lo que acá podemos procurar, y an de los gustos que quedan dichos, que muchas veces estando la mesma persona descuidada y sin tener la memoria en Dios, su Majestad la despierta, a manera de una cometa que pasa de presto, o un trueno, anque no se oye ruido; mas entiende muy bien el alma, que fue llamada de Dios, y tan entendido, que algunas veces, en especial a los principios, la hace estremecer y an quejar, sin ser cosa que le duele. 

Siente ser herida sabrosísimamente, mas no atina cómo ni quién la hirió; mas bien conoce ser cosa preciosa, y jamás querría ser sana de aquella herida. Quéjase con palabras de amor, an esteriores, sin poder hacer otra cosa a su Esposo, porque entiende que está presente, mas no se quiere manifestar de manera que deje gozarse, y es harta pena, anque sabrosa y dulce; y anque quiera no tenerla, no puede; mas esto no querría jamás. Mucho más le satisface que el embebecimiento sabroso, que carece de pena, de la oración de quietud.

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Es indicible, porque son apretamientos y penas espirituales que no se saben poner nombre.

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Se lo hace bien desear, por unos medios tan delicados, que el alma mesma no los entiende, ni yo creo acertaré a decir para que lo entienda, si no fueren las que han pasado por ello.

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Estaba pensando ahora si sería que en este fuego del brasero encendido que es mi Dios, saltaba alguna centella y daba en el alma de manera que se dejaba sentir aquel encendido fuego, y como no era an bastante para quemarla, y él tan deleitoso, queda con aquella pena, y a el tocar hace aquella operación. 

Y paréceme es la mejor comparación que he acertado a decir; porque este dolor sabroso, y no es dolor, no está en un ser; anque a veces dura gran rato, otras de presto se acaba, como quiere comunicarle el Señor, que no es cosa que se puede procurar por ninguna vía humana; mas anque está algunas veces rato, quítase y torna; en fin, nunca está estante, y por eso no acaba de abrasar el alma sino ya que se va a encender, muérese la centella y queda con deseo de tornar a padecer aquel dolor amoroso que le causa. Aquí no hay pensar.

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Aquí están todos los sentidos y potencias, sin ningún embebecimiento, mirando qué podrá ser, sin estorbar nada ni poder acrecentar aquella pena deleitosa ni quitarla, a mi parecer.

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Pues ser melencolía no lleva camino nenguno, porque la melencolía, no hace y fabrica sus antojos sino en la imaginación.

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Otra manera tiene Dios de despertar a el alma; y anque en alguna manera parece mayor merced que las dichas, podrá ser más peligrosa, y por eso me deterné algo en ella, que son unas hablas con el alma, de muchas maneras; unas parece vienen de afuera, otras de lo muy interior del alma, otras de lo superior della, otras tan en lo esterior, que se oyen con los oídos porque parece es voz formada.

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Estando rezando vocalmente, y con descuido de cosa interior, parece viene una inflamación deleitosa, como si de presto viniese un olor tan grande, que se comunicase por todos los sentidos (no digo que es olor, sino pongo esta comparación) u cosa de esta manera, sólo para dar a sentir que está allí el Esposo; mueve un deseo sabroso de gozar el alma de Él, y con esto queda dispuesta para hacer grandes atos y alabanzas a nuestro Señor. Que no haga caso de ello, que no es la sustancia para servir a Dios.

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Pues tornando a lo primero, que venga de lo interior, que de lo superior, que de lo esterior, no importa para dejar de ser de Dios.

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Otra manera hay, como habla el Señor a el alma, que yo tengo para mí ser muy cierto de su parte, con alguna visión intelectual, que adelante diré como es. Es tan en lo íntimo del alma, y parécele tan claro oír aquellas palabras con los oídos del alma a el mesmo Señor, y tan en secreto, que la mesma manera de entenderlas, con las operaciones que hace la mesma visión, asegura y da certidumbre no poder el Demonio tener parte allí.

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Está un alma en toda la tribulación y alboroto interior que queda dicho, y escuridad del entendimiento y sequedad; con una palabra de éstas, que diga solamente: —“No tengas pena”—, queda sosegada.

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La segunda razón, una gran quietud que queda en el alma, y recogimiento devoto y pacífico, y dispuesta para alabanzas de Dios.

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La tercera señal es, no pasarse estas palabras de la memoria en muy mucho tiempo, y algunas jamás, como se pasan las que por acá entendemos, digo, que oímos de los hombres, que anque sean muy graves y letrados, no las tenemos tan esculpidas en la memoria, ni tampoco, si son en cosas por venir.

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La quinta, porque junto con las palabras muchas veces, por un modo que yo no sabré decir, se da a entender mucho más de lo que ellas suenan sin palabras.

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Con estas cosas dichas de trabajos y las demás, ¿qué sosiego puede traer la pobre mariposica? Todo es para más desear gozar a el Esposo.

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Y ansí veréis lo que hace su Majestad para concluir este desposorio, que entiendo yo debe ser cuando da arrobamientos, que la saca de sus sentidos; porque si estando en ellos, se viese tan cerca desta gran Majestad, no era posible, por ventura, quedar con vida.

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Lo que yo entiendo en este caso, es que el alma nunca estuvo tan despierta para las cosas de Dios, ni con tan gran luz y conocimiento de su Majestad. Parecerá imposible, porque si las potencias están tan absortas, que podemos decir que están muertas, y los sentidos lo mesmo, ¿cómo se puede entender que entiende ese secreto? 

Yo no lo sé, ni quizá ninguna criatura, sino el mesmo Creador, y otras cosas muchas que pasan en este estado, digo en estas dos Moradas; que ésta, y la postrera se pudieran juntar bien, porque de la una a la otra no hay puerta cerrada.

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Ni tampoco Moysén supo decir todo lo que vio en la zarza, sino lo que quiso Dios que dijese; mas si no mostrara Dios a su alma secretos con certidumbre, para que viese y creyese que era Dios, no se pusiera en tantos y tan grandes trabajos; mas debía entender tan grandes cosas dentro de los espinos de aquella zarza, que le dieron ánimo para hacer lo que hizo por el pueblo de Israel

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Y anque estuve allí [Palau de la Duquesa de Alba] un rato, era tanto lo que había que ver, que luego se me olvidó todo, de manera que de nenguna de aquellas piezas me quedó más memoria que si nunca las hubiera visto, ni sabría decir de qué hechura eran:

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Y si tenemos esperanza de an en esta vida gozar de este bien, ¿qué hacemos?, ¿en qué nos detenemos?, ¿qué es bastante para que un momento dejemos de buscar a este Señor, como lo hacía la Esposa por barrios y plazas?

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Esto dura poco espacio, digo para estar en un ser, porque, quitándose esta gran suspensión un poco, parece que el cuerpo torna algo en sí y alienta para tornarse a morir y dar mayor vida a el alma, y con todo no dura mucho tan gran éstasi. 

Mas acaece, anque se quita, quedarse la voluntad tan embebida y el entendimiento tan enajenado, y durar ansí días y an días, que parece no es capaz para entender en cosa que no sea para despertar la voluntad a amar, y ella se está harto despierta para esto y dormida para arrostrar a asirse a ninguna criatura.

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Si de las oraciones pasadas quedan tales efetos como quedan dichos, ¿qué será de una merced tan grande como ésta?

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Como entendió una que estaba en esta aflición de parte de nuestro Señor: “No tengas pena, que, u ellos han de alabarme a Mí u mormurar de ti, y en cualquiera cosa de éstas ganas tú”. 

Supe después que esta persona se había mucho animado con estas palabras y consolado; y porque si alguna se viere en esta aflición, os las pongo aquí. Parece que quiere nuestro Señor que todos entiendan que aquel alma es ya suya, que no ha de tocar naide en ella. 

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¿Pensáis que es poca turbación estar una persona muy en su sentido y verse arrebatar el alma?

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Díjole el mesmo Crucificado consolándola, que Él la daba todos los dolores y trabajos que había pasado en su Pasión, que los tuviese por propios para ofrecer a su Padre.

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Parécele que toda junta ha estado en otra región muy diferente de esta que vivimos, adonde se le muestra otra luz tan diferente de la de acá, que si toda su vida ella la estuviera fabricando junto con otras cosas, fuera imposible alcanzarlas;.

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Esto no es visión inteletual, sino imaginaria, que se ve con los ojos del alma, muy mejor que acá vemos con los del cuerpo, y sin palabras se le da a entender algunas cosas; digo como si ve algunos santos: los conoce como si los hubiera mucho tratado. 

Otras veces, junto con las cosas que ve con los ojos del alma por visión inteletual, se le representan otras, en especial multitud de ángeles, con el Señor de ellos, y sin ver nada con los ojos del cuerpo ni del alma, por un conocimiento admirable que yo no sabré decir, se le representa lo que digo y otras muchas cosas que no son para decir. 

Quien pasare por ellas, que tenga más habilidad que yo, las sabrá quizá dar a entender, anque me parece bien dificultoso.

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En fin, no acaba esta mariposica de hallar asiento que dure; antes, como anda el alma tan tierna del amor, cualquiera ocasión que sea para encender más este fuego la hace volar; y ansí en esta Morada son muy continuos los arrobamientos, sin haber remedio de escusarlos, anque sea en público, y luego las persecuciones y mormuraciones, que, anque ella quiera estar sin temores, no la dejan, porque son muchas las personas que se los ponen, en especial los confesores.

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Da Dios a estas almas un deseo tan grandísimo de no le descontentar en cosa ninguna, por poquito que sea, ni hacer una imperfeción si pudiesen, que por sólo esto, anque no fuese por más, querría huir de las gentes, y ha gran envidia a los que viven y han vivido en los desiertos; por otra parte se querría meter en mitad del mundo, por ver si pudiese ser parte para que un alma alabase más a Dios, y si es mujer, se aflige del atamiento que le hace su natural, porque no puede hacer esto, y ha gran envidia a los que tienen libertad para dar voces, publicando quién es este gran Dios de las Caballerías.

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Entendamos que son éstos los efetos que quedan de estas suspensiones u éstasi, sin duda nenguna; porque no son deseos que pasan, sino que están en un ser, y cuando se ofrece algo en qué mostrarlo, se ve que no era fingido.

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Porque no soy nada tierna, antes tengo un corazón tan recio, que algunas veces me da pena; anque cuando el fuego de adentro es grande, por recio que sea el corazón distila, como hace un alquitara, y bien entenderéis cuando vienen las lágrimas de aquí, que son más confortadoras y pacifican, que no alborotadoras, y pocas veces hacen mal.

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Las lágrimas vénganse cuando Dios las enviare, no haciendo nosotras diligencias para traerlas.

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Es, a mi parecer, una unión grande de las potencias, sino que las deja nuestro Señor con libertad para que gocen de este gozo, y a los sentidos lo mesmo, sin entender qué es lo que gozan y cómo lo gozan. 

Parece esto algarabía, y cierto pasa ansí, que es un gozo tan ecesivo del alma que no querría gozarle a solas, sino decirlo a todos, para que la ayudasen a alabar a nuestro Señor, que aquí va todo su movimiento.

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Plega a su Majestad que muchas veces nos dé esta oración, pues es tan segura y gananciosa; que adquirirla no podremos, porque es cosa muy sobrenatural; y acaece durar un día, y anda el alma como uno que ha bebido mucho, mas no tanto que esté enajenado de los sentidos, u un melencólico, que del todo no ha perdido el seso, mas no sale de una cosa que se le puso en la imaginación, ni hay quien le saque de ella (…) ¿para qué queremos tener más seso?, ¿qué nos puede dar mayor contento?

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Al menos yo les asiguro que no entren a estas dos Moradas postreras; porque si pierden la guía, que es el buen Jesús, no acertarán el camino; harto será si se están en las demás con siguridad. Porque el mesmo Señor dice que es camino; también dice el Señor que es luz, y que no puede nenguno ir al Padre sino por Él; y quien me ve a mí ve a mi Padre. Dirán que se da otro sentido a estas palabras. Yo no sé esotros sentidos; con este que siempre siente mi alma ser verdad, me ha ido muy bien.

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Porque hasta que le hizo esta merced que digo, nunca sabía quién la hablaba, anque entendía las palabras. Sé que estando temerosa de esta visión, porque no es como las imaginarias, que pasan de presto, sino que dura muchos días, y an más que un año alguna vez, se fue a su confesor harto fatigada; él la dijo que si no vía nada, cómo sabía que era nuestro Señor; que le dijese qué rostro tenía. 

Ella le dijo que no sabía, ni vía rostro, ni podía decir más de lo dicho; que lo que sabía era que era Él el que la hablaba, y que no era antojo. Y anque le ponían hartos temores todavía, muchas veces no podía dudar, en especial cuando la decía: «No hayas miedo, que Yo soy». Tenían tanta fuerza estas palabras, que no lo podía dudar por entonces, y quedaba muy esforzada y alegre con tan buena compañía .

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Allá nos espantaremos de ver cuán diferente es su juicio de lo que acá podemos entender.

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Pues miremos ahora cómo os he dicho en el capítulo pasado que está este Señor; que es como si en una pieza de oro tuviésemos una piedra preciosa de grandísimo valor y virtudes; sabemos certísimo que está allí, anque nunca la hemos visto; mas las virtudes de la piedra no nos dejan de aprovechar, si las traemos con nosotras. 

Anque nunca la hemos visto, no por eso la dejamos de preciar; porque por espiriencia hemos visto que nos ha sanado de algunas enfermedades, para que es apropiada, mas no la osamos mirar, ni abrir el relicario, ni podemos; porque la manera de abrirle, sola la sabe cuya es la joya, y anque nos la prestó para que nos aprovechásemos de ella, él se quedó con la llave, y como cosa suya; y abrirá cuando nos la quisiere mostrar, y an la tomará cuando le parezca, como lo hace.

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Pues ansí acaece acá; cuando nuestro Señor es servido de regalar más a esta alma, muéstrale claramente su sacratísima Humanidad de la manera que quiere, u como andaba en el mundo, o después de resucitado; y anque es con tanta presteza, que lo podríamos comparar a la de un relámpago, queda tan esculpida en la imaginación esta imagen gloriosísima, que tengo por imposible quitarse de ella hasta que la vea adonde para sin fin la pueda gozar. 

Aunque digo imagen, entiéndese que no es pintada al parecer de quien la ve, sino verdaderamente viva, y algunas veces está hablando con el alma, y an mostrándole grandes secretos.

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¡Oh, Señor, cómo os desconocemos los cristianos!

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De muchas maneras se comunica el Señor al alma con estas apariciones; algunas cuando está afligida, otras cuando le ha de venir algún trabajo grande, otras por regalarse su Majestad con ella, y regalarla. 

No hay para qué particularizar más cada cosa; pues el intento no es sino dar a entender cada una de las diferencias que hay en este camino, hasta donde yo entendiere, para que entendáis, hermanas, de la manera que son, y los efetos que dejan; porque no se nos antoje que cada imaginación es visión.

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Dentro, en el mesmo palacio, que es el mesmo Dios, pasan las abominaciones y deshonestidades y maldades que hacemos los pecadores.

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Viene en estos años creciendo poco a poco este deseo.

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Pues vienen veces que estas ansias y lágrimas y sospiros y los grandes ímpetus que quedan dichos, andándose ansí esta alma, abrasándose en sí mesma, acaece muchas veces por un pensamiento muy ligero u por una palabra que oye de que se tarda el morir, venir de otra parte, no se entiende de dónde ni cómo, un golpe u como si viniese una saeta de fuego. 

No digo que es saeta; mas cualquier cosa que sea, se ve claro que no podía proceder de nuestro natural. Tampoco es golpe, anque digo golpe: más agudamente hiere, y no es adonde se sienten acá las penas, a mi parecer, sino en lo muy hondo y íntimo del alma, adonde este rayo, que de presto pasa, todo cuanto halla de esta tierra de nuestro natural lo deja hecho polvos, que por el tiempo que dura es imposible tener memoria de cosa de nuestro ser; porque en un punto ata las potencias de manera que no quedan con ninguna libertad para cosa, sino para las que le han de hacer acrecentar este dolor. 

No querría pareciese encarecimiento, porque verdaderamente voy viendo que quedo corta, porque no se puede decir.

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Hasta aquí podía hacer eso, y con eso pasaba la vida; ahora no, porque su razón está de suerte que no es señora de ella ni de pensar sino la razón que tiene para penar, pues está ausente de su bien, que ¿para qué quiere vida? 

Siente una soledad estraña, porque criatura de toda la tierra no la hace compañía, ni creo se la harían los del cielo, como no fuese el que ama, antes todo la atormenta; mas vese como una persona colgada, que no asienta en cosa de la tierra, ni al cielo puede subir; abrasada con esta sed, y no puede llegar a el agua; y no sed que puede sufrir, sino ya en tal término que con ninguna se le quitaría, ni quiere que se le quite, sino es con la que dijo nuestro Señor a la Samaritana, y eso no se lo dan. 

¡Oh, válame Dios, Señor, cómo apretáis a vuestros amadores! Mas todo es poco para lo que les dais después.

De las sétimas

Parece que tiembla una criatura tan miserable como yo, de tratar en cosa tan ajena de lo que merezco entender.

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Pues cuando Majestad es servido de hacerle la merced dicha de este divino matrimonio, primero la mete en su morada, y quiere su Majestad que no sea como otras veces que la ha metido en estos arrobamientos, que yo bien creo que la une consigo entonces, y en la oración que queda dicha de unión, anque no le parece a el alma que es tanta llamada para entrar en su centro, como aquí en esta Morada, sino a la parte superior. 

En esto va poco: sea de una manera u de otra, el Señor la junta consigo; mas es haciéndola ciega y muda, como lo quedó san Pablo en su conversión, y quitándola el sentir cómo u de qué manera es aquella merced que goza; porque el gran deleite que entonces siente el alma es de verse cerca de Dios.

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Aquí se le comunican todas tres personas, y la hablan, y la dan a entender aquellas palabras que dice el Evangelio que dijo el Señor: que venía Él y el Padre y el Espíritu Santo a morar con el alma, que le ama y guarda sus mandamientos. ¡Oh, válame Dios! ¡Cuán diferente cosa es oír estas palabras y creerlas, a entender por esta manera cuán verdaderas son! 

Y cada día se espanta más esta alma, porque nunca más le parece se fueron de con ella, sino que notoriamente ve, de la manera que queda dicho, que están en lo interior de su alma, en lo muy más interior, en una cosa muy honda, que no sabe decir cómo es, porque no tiene letras, siente en sí esta divina compañía.

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Ella, como he dicho, no se muda de aquel centro ni se le pierde la paz

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Ahora, pues, decimos que esta mariposica ya murió, con grandísima alegría de haber hallado reposo, y que vive en ella Cristo: veamos qué vida hace u qué diferencia hay de cuando ella vivía, porque en los efetos veremos si es verdadero lo que queda dicho.

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No entendáis por esto, hijas, que deja de tener cuenta con comer y dormir, que no le es poco tormento, y hacer todo lo que está obligada conforme a su estado, que hablamos en cosas interiores, que de obras esteriores poco hay que decir, que antes esa es su pena, ver que es nada lo que ya pueden sus fuerzas.

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Tienen también estas almas un gran gozo interior cuando son perseguidas, con mucha más paz que lo que queda dicho, y sin nenguna enemistad con los que las hacen mal o desean hacer.

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Por cierto, cuando no hubiera otra cosa de ganancia en este camino de oración, sino entender el particular cuidado que Dios tiene de comunicarse con nosotros y andarnos rogando, que no parece esto otra cosa que nos estemos con Él, me parece eran bien empleados cuantos trabajos se pasan por gozar de estos toques de su amor tan suaves y penetrativos.

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La diferencia que hay aquí en esta Morada es lo dicho: que casi nunca hay sequedad ni alborotos interiores de los que había en todas las otras a tiempos, sino que está el alma en quietud casi siempre.

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Pasa con tanta quietud y tan sin ruido todo lo que el Señor aprovecha aquí a el alma y la enseña, que me parece es como en la edificación del templo de Salomón, adonde no se había de oír ningún ruido: ansí en este templo de Dios, en esta Morada suya, sólo Él y el alma se gozan con grandísimo silencio. No hay para qué bullir ni buscar nada el entendimiento, que el Señor que le crió le quiere sosegar aquí.

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Yo lo estoy de ver que en llegando aquí el alma, todos los arrobamientos se le quitan si no es alguna vez, y está no con aquellos arrobamientos y vuelo de espíritu, y son muy raras veces, y ésas casi siempre no en público como antes, que era muy de ordinario, ni le hacen al caso grandes ocasiones de devoción, que vea, como antes, que si ven una imagen devota u oyen un sermón, que casi no era oírle, u música, como la pobre mariposilla andaba tan ansiosa, todo la espantaba y hacía volar. 

Ahora, u es que halló su reposo, u que el alma ha visto tanto en esta Morada, que no se espanta de nada, u que no se halla con aquella soledad que solía, pues goza de tal compañía.

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Para esto es la oración, hijas mías; de esto sirve este matrimonio espiritual: de que nazcan siempre obras, obras. Esta es la verdadera muestra de ser cosa y merced hecha a Dios

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¿Sabéis qué es ser espirituales de veras?

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Torno a decir que para esto es menester no poner vuestro fundamento sólo en rezar y contemplar, porque si no procuráis virtudes y hay ejercicios de ellas, siempre os quedaréis enanas, y an plega a Dios que sea sólo no crecer, porque ya sabéis que quien no crece, decrece; porque el amor tengo por imposible contentarse de estar en un ser adonde le hay.

Conclusión

Anque no se trata de más de siete Moradas, en cada una de éstas hay muchas, en lo bajo y alto y a los lados, con lindos jardines y fuentes y laberintios y cosas tan deleitosas, que desearéis deshaceros en alabanzas del gran Dios que lo crió a su imagen y semejanza.

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